Javier Alarcón
25 Nov. 08
Que se le achaque al periodismo la razón de las culpas resulta inadmisible e irracional. Se juega, acierta y falla en la cancha y el entorno es irrelevante.
Lo más importante en el recuento de los daños es…
…no olvidar ni las razones ni a los responsables. Opinar desde afuera resulta muy sencillo, el desglose se hace siempre cuando los hechos se dieron y no hay mayor compromiso con la concepción de las cosas, pero eso no significa que uno no deba hacer análisis únicos e independientes en función de cada partido y en general, para inferir una realidad.
Quienes trajeron al técnico actual y cesaron a Hugo o La Volpe, están plenamente identificados y no es tarde para que expliquen las razones de una y otra medida, y los tiempos; luego viene el juicio para el sueco que es aparte.
No sabe a donde vino y por lo tanto para qué y por qué está cada jugador, eso resulta frente al apuro de los plazos, un asunto que parece no tener remedio. Finalmente nos encontramos ante el principal implicado: el futbolista. Los que son elegibles, está claro, no están a la altura de su capacidad porque nadie ha sido capaz de marcarles el rumbo y porque están sobrevalorados, independientemente de si en la televisión los ponemos como héroes nacionales o mártires.
No seamos tan científicos. Quienes lo contrataron no supieron a ciencia cierta los porqués, había que responder a la ansiedad con un nombre rimbombante. El elegido no ha sabido adaptarse y el barco está a la deriva con un riesgo grande de no clasificar al Mundial si se sigue jugando con esa depresión.
Importa poco si hubo quien pidió a un “gurú” del futbol mundial y hoy lo niega, tampoco es relevante que quienes le dimos el beneficio de la duda hoy entendamos que la apuesta no fue ganadora.
Lo revelador es el diagnóstico: los jugadores no saben qué hacer en la cancha y eso demanda medidas radicales. México no es una potencia, ni lo será pronto, mientras lo que mande sean los ingresos. Pero de eso a las penurias exhibidas en San Pedro, hay una santidad de diferencia.
Las decisiones, fuera de lo táctico, que ha tomado el cuerpo técnico lastiman la más básica lógica, congruencia y sentido común. Es como un terrícola en marte; difícil que sepa qué hacer, cómo adaptarse, modificar e improvisar para que uno entienda que el que decide está en control de la situación. Vaya, no es culpa del técnico sino de quien lo incluye entre los parientes políticos, pero ya con esa confianza, el compadre tiene que responder en lo más elemental. Y este nuevo miembro de la sui generis “familia” sigue siendo un perfecto desconocido.
Los cambios continuos nunca serán productivos, pero hay casos urgentes y este es uno de ellos. Y si se quedan con él, que todo vaya bien. No es cabeza por cabeza… pero hay casos en los que el remedio se ve muy inalcanzable.
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