En México, Cuauhtémoc Blanco parecía tener licencia para gritar, patalear y mentársela a los árbitros, y, por lo que vi el domingo en CU, Oswaldo Sánchez cuenta con un permiso parecido.
En el partido ante Pumas, el portero del Santos se la pasó reclamando y gritoneando, y no sólo eso, sino que además empujó al silbante Francisco Chacón y ni siquiera recibió una amonestación.
Pero el asunto no para ahí: al guardameta de la Selección le encanta ir contra el reglamento, porque en todos los partidos que juega se coloca sobre la línea del área chica y la marca justo donde están los postes, que según eso es para ubicarse, lo cual no nada más está prohibido, sino que además debe ser penado con tarjeta amarilla.
Por supuesto, Sánchez nunca ve esos cartones, porque nadie se atreve a mostrárselos.
Yo le preguntaría a Aarón Padilla, presidente de la Comisión de Árbitros, ¿por qué la manga ancha con algunos y con otros como que es muy corta? Nomás es pregunta, no se me vaya a sentir.
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