“Un vals sin fin por el planeta…” Ahora que me disponía a ocupar mi mente con los posibles avatares de un nuevo torneo de Liga del futbol nacional, sentí que ya el futbol nacional e internacional, el de Copa, el de Liga, el de la Copa de Campeones, la de Sub-campeones, las Liguillas y lo que ustedes manden han conseguido que en el planeta tierra, siempre, a todas horas, haya un balón rodando y provocando que la humanidad baile un vals sin fin por el planeta. ¿Quiénes bailan?, grupos humanos que tienden a ser tumultuosos y pegan de alaridos por lo que hacen o dejan de hacer con el balón durante 90 minutos, 22 muchachones cuya tirada es llegar a cobrar hasta por ver la pelota. En distintas épocas del año, en distintos horarios,
esto sucede alrededor de nuestro congestionado mundo. No vale ni siquiera perder el tiempo en averiguar si esto es bueno o es malo, si repercute o no en la productividad y/o en el nivel cultural de la comunidad. El futbol ha logrado colarse por todos los intersticios del quehacer humano. El hombre y el balón bailan un vals sin fin por el planeta.
Precisamente en México, el vals está por reanudarse. Yo como siempre me limito a hacer dos profecías que son como dos mandatos de hierro: el América no será campeón y los Pumas clasificarán para la Liguilla. Se trata de una profecía infalible sobre la cual no tengo ningún registro de propiedad, así es que pueden usarla tranquilamente como cosa suya.
Arranca el torneo y los protagonistas serán unos cuantos equipos que tienden alarmantemente a repetirse de manera no tan marcada y obsesiva como en la Liga española donde el torneo es exclusivamente un asunto de cuatro equipos, cinco a lo máximo. Aquí -y quizá en esto esté la clave de la variación- nuestro campeonato se juega de modo muy distinto al español donde, ida y vuelta, juegan todos contra todos y al final el que tuvo más puntos, ése es el campeón y se dejan de chulerías. Aquí los barrocos dolarizados se avientan unos torneos aburridísimos que culminan en una Liga formada por varios grupos que constituyen lo mejorcito de la corporación. Los integrantes de estos grupos juegan a visita recíproca y se van eliminando hasta que llega un día en que sólo quedan dos que disputarán el campeonato. Todos sabemos y aceptamos que, en el camino, se puede perecer por aburrimiento, o adquirir la enfermedad del sueño y aún un mal venéreo por ligue de estadio. Sin embargo, ahí vamos otra vez y ahí seguimos otorgándole a los Pumas lo mejor de nuestras amígdalas, aún a sabiendas de que muy probablemente otros, el Santos, Cruz Azul, Guadalajara o Atlante, sean los que se comerán el pastel. No importa. Vamos a bailar.
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