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Tiempos Miserables

Cristiano Ronaldo

Por: Santiago Segurola

santiago segurola Esta es la Liga de Messi y Cristiano Ronaldo, de Xavi y Kaká, de Iniesta y Xabi Alonso, de Higuaín y Luis Fabiano, de Ibrahimovic y Benzema, de Casillas y Víctor Valdés, de Villa y Llorente, de Navas y Silva, del mejor Barça de la historia, del mejor Madrid de los últimos años, de brillantes jóvenes como Canales y Muniaín, de una selección maravillosa, de todo aquello que debería hacer felices a los aficionados y a los periodistas. Por desgracia, esta magnífica realidad queda sepultada por una visión belicosa y grosera. Sólo importa el ruido mediático y los desagradables personajes que genera. En nombre de aburridas y nunca demostradas teorías conspirativas nos dicen que abandonemos nuestro juguete, que no disfrutemos de este privilegiado momento, que desconfiemos de todo, que nos olvidemos del fútbol por falsario, que evitemos la diversión y elijamos una trinchera en las truculentas guerras que se desatan cada día en la prensa. Teníamos noticia de la degradación en otros ámbitos: basta echar un vistazo al miserable espectáculo de lo que un día se conoció como prensa del corazón y que ahora sólo es el reino de la bajeza. Definitivamente, este perverso modelo se ha impuesto en casi todas las instancias del periodismo. Se conceden premios prestigiosos a los difusores de la basura, se busca el agravio y el daño, se animan mediocres y violentas polémicas, se alimentan los instintos más bajos y los personajes más ridículos, se desacredita todo y nada se salva. Tampoco el fútbol. Una pena.

Fuente: Marca.com

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Terry, Capello y los capitanes ingleses

John Terry

Por: Santiago Segurola

santiago segurola La capitanía es una función que remite a lo más tribal del fútbol, cuyo nacimiento exigía en los equipos la presencia de un líder, generalmente con el alma y el aspecto de un guerrero, para imponer sus colores y derrotar al adversario. La cuestión de liderazgo se antoja indispensable en cualquier empresa colectiva. No siempre está asociado al rango, porque no es lo mismo autoridad que carisma. Durante mucho tiempo, el fútbol pretendió atribuir al capitán una ejemplar capacidad de arrastre, aceptada por el club, los compañeros y los aficionados.

El tiempo difuminó esa idea, o la dispersó. Junto al viejo arquetipo del capitán como caudillo, comenzaron a valorarse otras cuestiones: el tiempo de pertenencia al equipo, la popularidad social o la magnitud del contrato. En buena medida, esta dispersión se produjo por el creciente papel ornamental de los capitanes. Han perdido influencia en el campo, en los despachos y en el vestuario. No son raros los equipos con capitanes discutidos por sus compañeros o sin ninguna capacidad de liderazgo. Están, pero no pesan.

La trascendencia de su función está relacionada con la personalidad. Hay capitanes que ejercen, otros que dividen y algunos decididamente irrelevantes. Lo que se ha perdido es la consideración del capitán como una figura mítica, trascendental. Tiempos nuevos, percepciones diferentes. Sin embargo, hay un país donde la figura del capitán mantiene su vieja capacidad simbólica. En Inglaterra, su significado devuelve el fútbol a los tiempos imperiales. El capitán es un coronel de regimiento que en la selección adquiere la talla de Lord Nelson.

Hay casos que lo escenifican perfectamente: Bobby Charlton –el mejor futbolista inglés de los años 60- llegó a la Primera División y a la selección inglesa antes que Bobby Moore, pero no tenía el carácter del líder. No servía como referente espiritual ni en el Manchester United, ni en la selección inglesa. El capitán era Bobby Moore, que parecía sacado de una película de Alexander Korda: alto, fuerte, rubio, inalterable y carismático. Sólo le faltaba la guerrera roja y el casco de los Dragones de la Reina para defender el paso de Kíber. Bobby Moore fue el capitán de la selección inglesa que ganó el Mundial de 1966. Desde entonces, es el metro patrón frente al que se miden sus sucesores en la selección inglesa.

Alcanzar el rango de capitán es un asunto muy serio. Forma parte de las tradiciones que hacen especial al fútbol inglés, tan agradecido con lo simbólico. Todavía se recuerda la polémica que desató la designación de David Beckham como capitán de la selección. Beckham tenía más gancho con el negocio que entre los compañeros. Le venía mejor a la Federación que al equipo, a la expansiva imagen del fútbol inglés en el mundo que a las necesidades de los partidos. Tenía más tirón en las revistas que en los campos. Era una mina de oro, pero no destacaba por las cualidades que hicieron un mito de Bobby Moore.

A Beckham se le observó como una concesión a la comercialización del fútbol. No era el más articulado de los jugadores, ni el más inteligente –como internacional protagonizó algunas acciones que dejaron a Inglaterra en una situación crítica, como su reyerta con Simeone en el Mundial 98-, pero venía el producto de maravilla. Su imagen mejoró la recaudación de la federación y no cabe duda de que el hombre se esforzó en el trabajo. Cuando abandonó el puesto tras el Mundial 2006, regresó la vieja idea del capitán a la inglesa: no el mejor jugador, sino el mejor coronel.

La elección de John Terry fue saludada con entusiasmo. Tenía 25 años y era capitán del Chelsea desde la temporada 2004-2005. En casi todos los aspectos estaba en las antípodas de Beckham. Se trataba de un jugador de jugadores, de un severo central sin aparentes pretensiones mediáticas, del líder espiritual del belicoso Chelsea. No se teñía el pelo, ni se vestía con saris, ni se le veía en las pasarelas. Su elección se interpretó como un regreso a los orígenes morales del fútbol inglés. Nada de concesiones comerciales, ni dedicación al papel cuché. Pero el ejemplar Terry de la casaca inglesa o de la blue del Chelsea es mucho menos ejemplar en su vida privada. No le ha ayudado el minucioso escrutinio que se dedica a las estrellas del fútbol, y más aún al capitán de Inglaterra. En los últimos años ha protagonizado algunos incidentes merecedores de portadas en los tabloides. El penúltimo fue el cobro de 10.000 libras esterlinas por mostrar las instalaciones del centro de entrenamiento del Chelsea a unos aficionados.

Terry, cuya reputación profesional es máxima, es el centro de un seísmo que ha sacudido los cimientos del fútbol inglés. Se ha sabido que fue amante de la novia de Wayne Bridge, ex compañero en el Chelsea y frecuente titular como lateral izquierdo en la selección inglesa. La familiaridad de los participantes en el caso añade picante a una cuestión que mereció mucha menos polémica cuando se desveló el affaire entre David Beckham, por entonces capitán inglés, y Rebbeca Loos, su encargada de las relaciones públicas. El asunto levantó ruido, pero en ningún caso afectó a su cargo.

El “escándalo Terry” no es estrictamente novedoso. El fútbol conoce grandes historias de rivalidades, traiciones y desafectos en los equipos. Pero aquí se trata de un problema que relaciona a dos compañeros, uno de ellos capitán de Inglaterra. El caso seguramente merecería menos atención en otros países, o quedaría confinado en el periodismo del corazón. No en Inglaterra, donde la prensa hierve con una tormenta que cuestiona el liderazgo de Terry como capitán del equipo nacional.

La decisión del asunto corresponde en gran medida al seleccionador, Fabio Capello. ¿Puede permanecer como capitán un jugador que ha sido amante de la mujer de un compañero?

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El mérito del Madrid es que este Barça no haya ganado aún la Liga

real madrid

El Barça ha vuelto a ser ese equipo intratable, que juega al fútbol como los ángeles y pasa por encima de los rivales como si de una apisonadora se tratase. No hay más que ver la manera en que aplastó al Málaga. El fútbol de toque de Xavi e Iniesta acaba formando una sinfonía perfecta con el espectacular despliegue de Dani Alves, la velocidad de Messi, el talento de Henry y los goles del Pichichi Etoo. No hay equipo en el mundo que pueda jugar al fútbol como lo hace este Barça, que de la mano de Pep Guardiola lleva camino de batir todos los récords en esta Liga y que, cada día que pasa, hace soñar al barcelonismo con un triplete que no es ni mucho menos una utopía.

Lo increíble a estas alturas es que el Barça no haya ganado aún la Liga. A falta de 10 jornadas, suma 69 puntos y 84 goles, unas cifras que le ponen a tiro convertirse en el mejor equipo de la historia del campeonato. Lo extraño es que el Real Madrid, que ha vivido la mayor crisis institucional de su historia y que incluso ha cambiado de entrenador, cuente aún con opciones de ganar la Liga, ya que está a sólo seis puntos del Barça y el Clásico se jugará en el Bernabéu.

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Viejo Beckham, mismo Beckham

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David Beckham debutó el domingo en la Liga italiana. En su interés por convertir al Milán en la apoteosis de la senectud, Carlo Ancelotti concedió la titularidad inmediata al jugador inglés. Hay algo de grotesco, extraviado y provocador en el último comportamiento del Milán. Está claro que algunos clubes se parecen a sus dueños.

Un aspecto interesante del fútbol es el efecto de la edad sobre los jugadores. En muchos casos el deterioro físico se compensa por la mejora en la comprensión del juego. Según el sistema de equilibrios que tantas veces funciona en la vida, la pérdida de energía promueve la reflexión. Futbolistas que un día se distinguieron por su despliegue se transforman en magníficos estrategas inmóviles. En muchos casos esta parte crepuscular de su carrera suele ser la mejor. O de la que más disfrutan. Sienten el placer de jugar bien.

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