Por: Juan Pablo Romero
Qué partido más interesante se vivirá este domingo en la cancha del Estadio Jalisco, de Guadalajara, el Clásico más añejo del fútbol Mexicano, mismo que inicio su historia a principios del siglo pasado, allá por el año 1916, y me refiero al duelo entre las Chivas Rayadas del Guadalajara y los Zorros del Atlas.
Un juego de ya de por sí viene cargado, desde entonces, de pasión, tradición, orgullo y rivalidad entre las clases sociales representadas por estos dos equipos. Es un Clásico creado de manera natural y no producto de la mercadotecnia, que tendrá además el atractivo de que ahora ambos conjuntos están luchando por alcanzar la clasificación en sus respectivos grupos.
En Guadalajara, un partido de esta naturaleza es una fecha especial que ha tenido grandes anécdotas y en donde todos quieren ser testigos y ningún aficionado quiere ver a su escuadra caer. La ciudad se divide, incluso, las familias también, pero esta pasión no debe de rebasar los límites de un juego lúdico, de una fiesta del futbol y nada más, porque a últimas fechas la rivalidad ha crecido de forma distorsionada producto de una pasión mal entendida, sobre todo por algunos miembros de las barras de ambos clubes que pretenden hacerse notar, no por el amor a sus colores, sino por el vandalismo que provocan.



Por: Juan Pablo Romero