Por: Paco Villa
No hay duda, el ciclo debe llegar a su fin. Sven Göran Eriksson dejará, es prácticamente un hecho, la dirección técnica de la selección nacional.
¿Es Javier Aguirre el nuevo entrenador? No hay certeza todavía, tampoco en esto, pero todo apunta hacia él. Y con él, con el entrenador más exitoso que ha tenido el futbol mexicano en el extranjero al frente, ¿qué sigue? Pienso el tema, el cambio inminente, y todo apunta hacia la misma pregunta: ¿qué sigue para el futbol mexicano?
Saben que mi opinión ha sido, y desde hace un buen rato, independientemente de los resultados, que Eriksson debe partir por una razón fundamental: en este tiempo, en los meses que lleva en México, lo único que le ha quedado claro, es que el Azteca es un estadio en el que los nuestros son casi imbatibles, y que jugar contra Honduras, Costa Rica, Estados Unidos y demás selecciones del área en sus casas, históricamente ha representado para México una efectividad muy baja.
De todo lo demás, desde cómo juegan los centroamericanos, hasta las características de los nuestros, no tiene claridad; sus reflexiones son equivocadas, tal y como se manifestó este miércoles en San Pedro Sula, y sus conclusiones, lo que es peor, comienzan a ser increíbles. Decir que este ha sido el mejor partido de México, como lo dijo al término del encuentro, es inadmisible.
Pero dejando atrás al sueco, la historia reciente de nuestro representativo invita a la reflexión. Hace cuatro años, México ganaba un campeonato mundial infantil. Hace tres años, México esperaba el mundial como cabeza de serie. Hace dos años y fracción, México se regodeaba con jugadores que emigraban al extranjero y decíamos, casi todos, y por supuesto que me incluyo, que había una selección que apuntaba hacia arriba.



Por: Paco Villa
Cuando tu jugador emblema es expulsado, una vez más, y con entrenadores distintos, en partidos trascendentes, dos veces frente al mismo rival, tiene que haber mucho más que un mal temperamento o disfuncionalidad del árbitro en turno.